Hotel Reforma

 

Hotel Reforma 

 

 


 

 

Mi padre fue guía de turistas (lo será siempre, es su pasión) y durante muchos años, los viajes a Cuernavaca, a Taxco y a Acapulco fueron parte de una cierta rutina que tuve durante mu niñez. Me acuerdo que a veces el viernes por la noche mi madre nos anunciaba que íbamos a alcanzar a mi padre a Taxco. Tomábamos el Estrella Blanca en Taxqueña y llegábamos por la noche a la pequeña estación del pueblo platero. 

Muchas veces nos alojamos en el hotel De la Borda, (si mi memoria no me falla), que tenía una alberca rodeada de ranas (me imagino que porque se encontraba en el barrio de Cantarranas). Ahí mi padre le gustaba cantar Granada a los turistas acompañado del pianista del bar del hotel. 

Pero por el trabajo de mi padre, me tocaba entrar y esperarlo en algunos hoteles de la ciudad. Conocí los desaparecidos hoteles Regis, Continenral y Del Prado (con el mural de Diego Rivera: Sueño de una tarde en la Alameda). 

Pero también me tocó entrar al hotel Reforma, hoy abandonado en la esquina de Reforma y Paris, frente al ahora edificio del Senado (no recuerdo qué había en ese predio antes). Una de las cosas que me llamaba la atención de ese hotel, era que justo en medio del lobby del hotel había una fuente con ranas, muy parecidas a las del hotel De la Borda. Según mi padre el hotel perteneció al empresario Jummy Dubin, quien tambipen manejaba los hoteles el hotel de la Borda, el ex hotel Rancho Telba y Santa Prisca y era dueño de una agencia de viajes. 

El Hotel Reforma llegó a ser uno de los hoteles más lujosos del país. 

 


 

El tiempo obligó al cierre del hotel en la década de los noventas del siglo pasado. Ocasionalmente el hotel es utilizado para algunos eventos y había escuchado que se estaba programando su apertura. Esto no ha sucedido. 

 


 

Pero ahora leí este texto sobre la pelea que comenzó en 1935 entre los arquitectos Mario Pani, en ese momento de 24 años y Carlos Obregón Santacilia, bisnieto de Benito Juárez y el arquitecto del Monumeto de la Revolucíón, y en su momento uno de los arquitectos favoritos de la ciudad. Eso me hace pensar en todas las historias que guardan los muros de muchos edificios de esta ciudad, que parece estarsiempre ansiosa por fagocitar, por comerse a sí misma y no preservar nada.

Esta idea de que en la Ciudad de México se la leí a Héctor de Mauleón en su libro La ciudad que nos inventa, que es una antología de sus columnas en El Universal, que hablaban de la ciudad antiga, la ciudad perdida. Esa ciudad que destruimos todos los días. 

 

 

*Memorias 

 

 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

IV Encuentro de poetas iberoamericanos en Zihuatanejo

Presentación de la ópera Generación Perdida en Morelia