Desayuno
Desayuno
Terminas de leer una nota en el celular y recuerdas aquella mañana en la que platicaron del mismo tema mientras desayunaba en una cafetería.
Sonreían. Platicaban. Veías sus manos moverse mientras te explicaba lo que sabía, lo que había leído. Sonreías al escucharla.
El café se enfriaba en la mesa.
El sol brillaba.
Pasaban parejas con perros y niños.
La vida parecía buena.
Recuerdas que la imagen de sus manos sobre la mesa te enterneció. Quisiste besarlos pero te detuviste.
Ahora piensas en mandarle la nota que acabas de leer en el celular. Seguro le interesará, piensas.
La copias, pero antes de mandarla, te detienes.
Recuerdas que ya no están juntos.
Que hace mucho que no te contesta los mensajes.
Que hace mucho no la ves sonreír.
Recuerdas que hace mucho la vida no parece tan buena.
Qué tal vez ya no le interesan los mismos temas que a ti.
Y miras la mesa oscura que está enfrente a ti.
Vacía.
Oscura.
Sin sus dedos. Sin su sonrisa.
Y apagas el celular.
Tal vez sea una buena hora para dormir, te dices. Y dejar de pensar.
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